
Fue el extravagante, talentoso, informal pero sensible Salvador Dalí, artista revolucionario por añadidura, quien "descubrió" este pequeño pueblo y lo designó siempre como "el más bonito del mundo entero". Cadaqués se encuentra en la Costa Brava, ese potente imán para los turistas, durante el verano europeo, por la benignidad de su clima, la diafanidad de su cielo y la belleza de sus playas.
Son unos doscientos kilómetros, pintorescos y hermosos, que se extienden desde la frontera con Francia hacia el sudeste, besados por el mar Mediterráneo.
Feliz con su Cadaqués, Dalí lo hizo conocer a sus amigos, núcleo de exquisitos cuyo estilo de vida habrían de seguir muchos. Uno de esos amigos fue el gran Federico García Lorca, quien paseó con el artista por calles, playas y o-livares del lugar. A su regreso, el poeta granadino expresó, en una cart» dirigida a su hermana Ana María: "Los días pasados en Cadaqués han sido tan maravillosos que me parecen un sueño, sobre todo lo que se ve desde la ventana".
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Al llegar a Cadaqués, verá usted el mar, esa playa donde las barcas de pesca descansan sobre la arena. Demórese en el sombreado paseo que acompaña la hilera simpática de tanto café, tanto restaurante -cada uno puede enorgullecerse de un rico anecdotario con nombres famosos-; junto a la playa se desgrana una hilera interminable de casas de todo tipo, desde las lujosas residencias de las familias que regresaron, después de "haberse hecho la América", hasta las casas humildes de los pescadores, blancas también pero con las puertas pintadas de un azul detonante. Un cambio de mentalidad, tal vez, por la llegada de tanto adelanto tecnológico, hizo que, a principios de este siglo, el color rojo de las puertas y marcos de Cadaqués cediera paso al azul chillón de hoy.
Tras las casas con fachadas hacia el mar, Cadaqués es surcado por callejones estrechos, de casas blancas, por supuesto, con ventanitas adornadas con tiestos de flores y balcones enrejados. Experimente la delicia de perderse por esas callejuelas donde los antiguos locales de comercio tradicionales albergan hoy modernos negocios de moda, objetos de diseño y galerías de arte. Si se dirige hacia la parte más alta del pueblo, se encontrará con la iglesia parroquial, que se remonta al siglo XVI y que contrasta su severo exterior con un interior barroco, donde admirará el bellísimo, antiguo retablo que adorna el altar mayor. Por último, no deje de visitar Port Lligat, el rincón de Dalí, con sus extrañas esculturas.